¿Qué hará la oligarquía financiera global con Bolsonaro?

7 de Novembro de 2018, por Fernando Dorado


Lo ocurrido en el campo electoral en Brasil y lo que vendrá a continuación, tiene una enorme importancia para los trabajadores y pueblos en resistencia de todo el mundo, pues confirmará las tendencias económicas y políticas que se han avizorado desde hace varias décadas, como es la conformación de una oligarquía financiera global que influye y forcejea de muchas formas en la política local, regional, nacional, sub-continental y mundial en defensa de sus intereses.

Si observamos con cierto detalle, en todos los países del orbe existen expresiones políticas que representan los intereses de esa oligarquía globalizada, que nunca toma abiertamente la bandera de tal o cual agrupación sino que en forma flexible y estratégica interviene antes y después de que ocurran los hechos. Si la derecha extrema logra el poder gubernamental, juega con ella sin ningún pudor; si es la derecha moderada, donde incluimos a la antigua socialdemocracia alineada con el neoliberalismo, también acompaña y apoya; si es el “centro” o los progresistas, presiona desde dentro y fuera para impedir que sus políticas se “extralimiten”; y si es una izquierda reformista o revolucionaria, recurre a presiones directas e indirectas para lograr sus propósitos a través del FMI, BM, centros financieros y consorcios transnacionales y demás poderes globales.

Desde esa perspectiva creemos que Bolsonaro es un problema para esa burguesía financiera global. Su discurso y acciones pueden despertar reacciones populares efectivamente “radicales” que pueden poner en peligro la “estabilidad” que exige la globalización neoliberal. Por ello, tratarán de moderar al militar golpista brasileño (como ya lo hacen), repitiendo la fórmula aplicada a los gobiernos progresistas y de izquierda para implementar sus políticas en dosis aceptables. Es lo que hicieron en Colombia con Uribe por medio de Santos y Duque, y seguramente, van a tratar de implementar con AMLO en México.

Ya la aplican con Trump en todos los terrenos aunque él, con gestos, tuits y rabietas, intenta mantener la imagen de “niño terrible” de la oligarquía capitalista. Mientras lanza “fuegos artificiales” de supuestas y reales guerras contra China, Rusia e Irán, por debajo de la mesa firma pactos con sus “enemigos” internos y externos para no alterar las reglas mínimas de estabilidad del sistema capitalista global, que es la prioridad y su límite1. Todo ese “circo” le conviene a Putín, Xi, Kim, Rohani, Maduro, Ortega, etc., al igual que al mismo Trump para confundir y engatusar a sus propios pueblos.

Frente a esa política de “acomodamiento” de nada vale que el gobernante progresista o de izquierda se “radicalice” e intente realizar cambios sustanciales (estructurales) que afecten la lógica de reproducción del capital. Incluso, sí existiera un clima insurreccional, si ese proceso se desencadena en un solo país como ocurrió en Rusia o Cuba, tampoco servirá de mucho en el mediano plazo. La experiencia así lo demuestra y confirma. La lección obtenida es que si se derroca a los representantes de la oligarquía y no se cuenta con una economía relativamente independiente y un movimiento social mayoritario dispuesto a aceptar un bloqueo económico por un largo período, ese esfuerzo podría ser ineficaz frente al poder del capital financiero y al grado de dependencia de nuestras economías respecto de los monopolios capitalistas globalizados.

En ese sentido los trabajadores y pueblos en resistencia del mundo entero deberíamos desarrollar una estrategia similar. Así como los capitalistas tienen sus organismos legales e ilegales, económicos, políticos, militares y culturales (religiosos) con carácter “universal”, los sectores oprimidos y explotados deberíamos contar con verdaderas redes globales de coordinación y acción. De alguna manera la red de internet ha facilitado que vaya apareciendo ese “movimiento planetario” y algunas prácticas revolucionarias globales pero –indudablemente– hace falta tener conciencia de esa necesidad y crear todo tipo de redes de apoyo y de presión constante (sobre todos los gobiernos, incluyendo los “nuestros”). Para hacerlo con eficacia se requiere concertar unos mínimos criterios sobre los objetivos a lograr en el corto, mediano y largo plazo.

Pienso que Evo Morales y García Linera intentan aplicar una “nueva” estrategia, que en gran medida fue la que formuló Lenin con la NEP2 y sus “correcciones” mientras estuvo vivo, diseñando una forma de convivir con el capitalismo pero trazándose una estrategia de mediano y largo plazo, apoyándose en los trabajadores y en los pequeños y medianos productores, y neutralizar con elasticidad a las burguesías viejas y emergentes, para aprovechar las fisuras que existen y se crean en el sistema capitalista en la actual fase de agotamiento y crisis crónica. Hasta ahora la boliviana es la única experiencia relativamente exitosa en la región y en este período.

No obstante, en Bolivia los gobernantes parecieran tener los mismos problemas que sufrieron los bolcheviques rusos al no lograr un buen grado de comprensión y coordinación con los dirigentes de los movimientos sociales (indígenas, mineros, campesinos, trabajadores estatales, etc.) para que hagan suya esa estrategia y así evitar (o atenuar) los diversos conflictos que llevan a situaciones dañinas: la cooptación y burocratización del movimiento social y/o el distanciamiento y enfrentamiento del gobierno con amplios sectores de las organizaciones populares.

Para poder impulsar con eficacia y efectividad este tipo de estrategia tenemos que “de-construir” una serie de valores y actitudes que han hecho carrera desde el siglo XIX entre los revolucionarios (liberales, progresistas, anarquistas, socialistas y comunistas), que nos han impedido entender que, una cosa es la revolución política (necesaria y hasta imposible de evitar) y, otra, es el proceso de mutación-evolución de la sociedad en el mediano y largo plazo (paulatino y complejo), que consiste en el paso de un modo de producción a otro (que sería la verdadera transformación social, económica y cultural).

Seguramente se requerirán muchos alzamientos, rebeliones y revoluciones sociales, políticas y culturales para conseguir cambios estructurales en la sociedad pero no podemos olvidar que la generación de nuevas relaciones de producción requiere de transformaciones “materiales” en las formas de producir, que no dependen únicamente de la voluntad o conciencia de las personas sino de la evolución de esas formas de producción que vayan creando las condiciones para pasar de la economía crematística a la colaborativa-recíproca en términos de equivalencia.

Hoy, de acuerdo a lo que observamos en el mundo ya existen manifestaciones de esas “formas de producción postcapitalistas y colaborativas” (Rifkin, Mason) que pueden ser gérmenes incipientes, viables y efectivos de lo que podría ser el primer modo de producción que facilite o esté en la dirección de superar la economía crematística que se basa en el afán de enriquecimiento individual o de grupo3. Si es así, hay que empujar con sabiduría en esa dirección.

 

Notas

1 En el momento en que Trump sobrepase ese límite, la oligarquía financiera global lo saca del gobierno, legal o ilegalmente. Y así lo hacen con cualquier gobernante del mundo, incluidos los que en apariencia no están dentro del bloque imperial de “occidente”. (Nota del Autor).

2 NEP: Nueva Política Económica trazada y desarrollada por Lenin en 1921, inicialmente como una corrección al “comunismo de guerra” aplicado desde 1918, y después como una política de largo plazo que garantizaba la unidad entre los obreros, los campesinos pobres y medios, y otros sectores sociales no-monopólicos. Después de la muerte de Lenin, dicha política fue saboteada y se implementó una política de industrialización forzada y acelerada que destruyó la unidad entre los sectores populares y priorizó los intereses de la “gran nación rusa”. (Nota del Autor).

3 “Crematística”, para Tales de Mileto es el arte de hacerse rico. Según Aristóteles, la acumulación de dinero en sí es una actividad contra natura que deshumaniza a quienes se dedican a ello. (Nota del Autor).