Ludovico Silva en Mi Sueño

10 de Maio de 2019, por Gilberto Felisberto Vasconcellos


Yo fui a encontrarme con Ludovico Silva en Venezuela en su Caracas querida, de calles petroleras y kapitalyzmus cadilac. Yo miraba el cielo para ver si era el mismo cielo del poeta. Yo andaba por los cafés quería tomar unas copas del antiguo vino con él, charlar y oir su voz. Tenía ganas de emborracharme con su poesia hecha de música. ¿Cuántas voces había en su filosofía?

Un muchacho que estudió griego para asimilar la obra de Karl Marx. ¿Qué locura es esa de hablar con las palabras escritas por un muerto?  ¿Que tenía yo que ver con la ciudad de Ludovico? En mi sueño iba por la noche y cantaba el día inútil. Si, un día inútil más. Me acordaba de lo que había leído de Leon Trotsky: ¿que és un día de trabajo? Me pregunté a mi vejez sin futuro: ¿por qué ahora quiero yo aprender a hablar español? Es para hablar con Ludovico, Ludo, loco, lúcido de ira y amor.

Su lengua dulce y coloquial es aquella que más me hizo sentir latinoamericano, pero sabía que Ludovico no conoció el Brasil, no oyó Villa Lobos, no vio las películas de Glauber Rocha, solamente leyó Darcy Ribeiro.

Yo sentía el tiempo del cementerio, yo soportaba con disimulo Caracas sin Ludovico. Los maestros conformistas andando en coches yanquis. Ninguna mujer me esperaba para decir cosas sabrosas en mis oídos. Juré no más viajar. Basta .De ahora en a delante me voy a viajar al rededor de mi cuarto. Hay que soportar la soledad sin alcohol y sin ninguna droga. La poesía no tiene boca para besarla. Antes hay que reírse en dolor.

Qué lindo nombre de libro este de Ludovico: Escribe y Pasa. Un día me voy a escribir sobre su obra. Como pudo el haber sido un borracho si escribió 12 libros sobre el tema de alienación en Karl Marx! La vida es hecha de misterios. La mercadería es el peor de los misterios porque hace mal a la felicidad. 

Ludovico y yo odiamos el dinero. Siempre hay dolor de comprar y vender, incluso el alma que el diablo no la quiere más. Bello verso que me suena el fin del amor ya no hay luna en tus ojos. Estoy muriendo de miedo a la vida. Solo desde la tierra se puede ver el cielo.

Adiós, Ludovico.