Chile: insurgencia popular generalizada

25 de Outubro de 2019, por José Carlos Valenzuela Feijóo


Para políticos e ideólogos neoliberales, los que manejan una impresionante prensa internacional, el caso chileno se considera como una “joya de la corona”. A semejanza delos “tigres asiáticos”, Chile era el “jaguar” del cono sur. Se habla de crecimiento, de modernidad, de una sociedad altamente organizada, casi sin anomia.

En Chile, el modelo neoliberal nace con el sangriento golpe de Estado encabezadopor Pinochet y la larga dictadura que le siguió. Parafraseando un texto famoso, “vino al paíschorreando lodo y sangre por todos los poros.” Durante Pinochet y los inicios del régimen civil, a veces la economía creció muy rápido. En otras, experimentó caídas profundas. En promedio, la tasa de crecimiento fue del orden de un 4% o algo más. Luego, en las últimasdécadas (siglo 21, años de la “Concertación”)  se redujo bastante. Lo que siempre ha permanecido es la tremenda desigualdad del modelo.

Con Pinochet, la tasa de plusvalía se duplicó y acercó a un 4.0. Primero, por un fuerte descenso (cae a la mitad), en el salario real. Luego, con cargo al mecanismo de la plusvalía relativa (mayor productividad en ramas productoras de bienes salarios, de la agricultura en especial) y, sobremanera, con el de la plusvalía absoluta: la jornada legal, hoy es de 48 horas a la semana (amén de que abundanlas horas extras).

La propaganda, habla del “libre mercado”, pero lo que imperan son las prácticas monopólicas, en fijación de precios, colusión, trampas, etc.Para los trabajadores (incluyendo capas medias asalariadas), la situación ha sido especialmente dura: los neoliberales privatizan y/o sueltan el precio de servicios básicos (salud, medicamentos, educación, agua, luz, gas previsión social, etc.) y éstos se comen buena parte de los salarios. Las familias recurren a los préstamos bancarios y terminan conuna   carga   financiera   inmanejable.   

Pero   hay   algo   más:   el   sistema   empuja   con   fuerza increíble el consumo de ostentación: si Ud. no compra tales o cuales bienes, su estatus social se derrumba. Lo cual afecta hondamente a las capas medias asalariadas, las que pasan a vivir con un estrés hondo y permanente. Consideremos los cinco deciles más pobres en la distribución del ingreso. Muy probablemente, el nivel de vida material de esos segmentos es de lo más alto en América Latina, sólo inferior o semejante al de Uruguay (el que forjara Muxica). Pero, en Chile, elcosto psicológico es abrumador.

El chileno de hoy vive en la rabia, en la inseguridad, en el miedo existencial. En la frustración de los sueños nunca alcanzados.Hay otra dimensión a destacar en el proceso chileno. Se trata del profundo y masivo desprecio que han causado la política y los políticos. Las masas los vienen despreciando más y más, por falsos y por corruptos.

En realidad, aquí la política se ha transformado en un negocio rapaz (en un mecanismo de “acumulación originaria”), del todo ajeno a grandes ideales de transformación. Partidos que antes fueron de izquierda (como el socialista), sehan   transformado   en   administradores   del   modelo   neoliberal.   Y   algunas   nuevas organizaciones que han surgido (con un lenguaje parecido al “Podemos” de España), llegan al Parlamento y se suman a la defensa del “orden neoliberal”. En el Chile de hoy, la gente ni siquiera va a votar. En las últimas elecciones presidenciales, la abstención giró en tornoal 50% y Piñera fue elegido con un magro 25% del padrón electoral.

En breve, la gente se enoja más y más con el orden neoliberal y, a la vez, se distancia y escupe a las institucionespolíticas aún vigentes. Y no olvidemos: la Constitución política vigente es la que firmó Pinochet. Hoy, los políticos no regulan el comportamiento de las masas. Y como en éstas no hay felicidad y sí una rabia que crece, periódicamente surgen movimientos de protestas, casi siempre encabezados por jóvenes. A veces casi niños como los famosos “pingüinos”.Pero lo que viene pasando por estos días marca un salto cualitativo.

La “chispa” fue el aumento del precio del Metro, de un 5%. Los jóvenes estudiantes protestaron. Y en pocas horas la protesta creció y creció, abarcando a segmentos sociales más y más amplios ydiversos. Y apuntando   a toda una vasta gama de reivindicaciones sociales: salud, salariosbásicos, previsión, precios justos, contra las prácticas monopólicas, contra la corrupción depolíticos   y   grandes   empresarios.   

La   vitalidad   del   movimiento   resulta   maravillosa,   se extendió a los lugares más remotos de esa “loca geografía” y abarcó a más y más capas dela población. ¿Qué los unifica y orienta? No hay aquí ninguna organización político-partidaria en acción. Lo que funciona es el hondo y extendido fastidio contra el orden neoliberal, algo que espontáneamente surge del mismo corazón de las gentes chilenas. 

La reacción del Presidente Piñera ha sido bastante histérica: “Chile está en estado de guerra” y, en consonancia, ha sacada al ejército a las calles. Hasta el martes 22, los muertos se acercaban a veinte (y la inmunda OEA se calla). Se anuncia un paro nacional y Piñeraparece recular, se reúne con la oposición institucional y promete algunos cambios, demenor o mayor  calado. Trata de ganar tiempo y busca medirle mejor “el agua a loscamotes”. Tal vez el mejor diagnóstico lo ha dado la esposa del Presidente. De ella se hafiltrado un diálogo con alguna amiga cercana: “la situación está muy grave (...) tendremosque reducir y compartir nuestros privilegios.”   

El núcleo problemático parece concentrarse en el espacio de la distribución. Pero no debemos olvidar que esta esfera viene regulada, en muy alto grado, por el espacio de laproducción. Y si ésta no se modifica de cuajo, no podrán darse los cambios mayores que seexigen en el espacio de la distribución. En suma, el gigantesco y espontáneo levantamientopopular   que   hoy  estremece   a   Chile,   debería   apuntar   a   las   causas   más   profundas   delmalestar,   al   fondo   que   regula   y   determina   los   modos   que   asume   el   espacio   de   ladistribución. Se trata de cambiar el modo de producción, que es la causa última de losmales presentes.

Muy probablemente, Chile no será igual después de esta impresionante rebelión.Pero los cambios quedarán distantes de lo que el pueblo trabajador necesita. El porqué de este hiato es conocido: lo que hace 50 años fuera una gran fuerza política de izquierda (y que tampoco fue suficiente), en el Chile de hoy ha desaparecido casi por completo. Y sin una conciencia de clase muy desarrollada y una muy sólida y vasta organización política, los  buenos   deseos  y  la  rabia  en  puridad,  siendo  imprescindibles, no  bastan:  hay  quetransformar la rabia en fuerza política. Pero podemos esperar, por la misma historia delpueblo chileno, que ese cambio cualitativo esté próximo.